8 de febrero de 2013

ACERCA DE “LIBRE” COMERCIO Y UNIDAD POLÍTICA DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.

"America Latina como la ven los niños"
Humberto Podetti, que además de coforista es un amigo y por lo tanto demasiado generoso - no existe el "político nato", aunque es cierto que no se aprende de viejo - envía este texto, donde retoma, y desarrolla, su posición en el debate que esbozamos en este posteo
Sus argumentos son sólidos. Nos comprometemos a comentarlos. Y, por supuesto, a cuestionarlos.

Abel Fernández, político nato y militante incansable de la unidad americana, instaló el análisis del debate acerca del “libre” comercio en la reciente cumbre de la CELAC y la UE, sosteniendo que la firme postura industrialista de Brasil y Argentina no era compartida por algunos países de América latina.

Como dice Hannah Arendt en La promesa de la política, el desacuerdo fruto de la reflexión es señal de un acuerdo más general en renovar la promesa que late en el corazón de la vida política. Y ambos compartimos ese compromiso y ese entusiasmo. De modo que aquí van mis reflexiones acerca de la cuestión.

Ni la Declaración de Santiago ni los presidentes latinoamericanos en sus discursos  propusieron o defendieron el “libre” comercio en la reciente cumbre CELAC-UE. Por el contrario, en todos los acentos del castellano y el portugués exigieron el “comercio equitativo e igualitario”, con un Estado activo fijando reglas y evitando los abusos de poder de las corporaciones globales en el mercado y respecto de los Estados menos poderosos. Tanto la Declaración como los discursos sostuvieron unánimemente la industrialización como proyecto continental. También criticaron sin excepciones las políticas europeas que prolongan el siglo XX, el de la maldad insolente, en el que bajo el pretexto del “libre” comercio se aceleró hasta límites impensados la acumulación de riqueza en un extremo y la pobreza, la miseria y la exclusión para la mayoría de la población del mundo en el otro y se llevaron a cabo innumerables guerras de los ricos contra los pobres, como denunció Juan Pablo II.  

Eso no significa que los gobiernos y los pueblos de los países que integran la CELAC, tengan miradas unívocas sobre el pasado, el presente y el futuro. Pero sin lugar a dudas no están dispuestos a discutir acerca del pasado sino a participar en el debate acerca del futuro. El “libre” comercio, en la misma medida en que emerge un mundo multilateral y América latina y el Caribe se reúnen,  comienza a pertenecer al pasado. Nuestros pueblos no tienen nada que lamentar por ello.

Ninguno de nuestros pueblos ni de nuestros gobiernos acepta una América Latina condenada ya ni siquiera a producir materias primas y alimentos sino simplemente a percibir algunos impuestos para que otros los produzcan en nuestro territorio, como propone la lógica y la práctica del “libre” mercado. Tampoco ninguno de ellos está dispuesto a resignar soberanía territorial, como pretenden Inglaterra y la UE con el sur de Chile, las Islas Malvinas y la Antártida sudamericanas, las Antillas holandesas o la Guayana francesa o las corporaciones que adquieren vastos territorios en nuestro continente para extraer minerales o producir alimentos. Y menos aún que los ferozmente proteccionistas grandes estados, como los EEUU y la Unión Europea critiquen nuestra política económica por no ser suficientemente “abierta”. El único proteccionismo criticable en nuestra América es el que se practica entre nuestras naciones.

América Latina y el Caribe están construyendo una unidad política afirmándose en su diversidad, que esgrimen precisamente como una de sus características, ejerciendo en los hechos una crítica profundamente humanista a la homogeneidad que exige la idea del estado-nación. Se trata de una unidad que admite infinidad de matices, pero que se ha consolidado suficientemente como para mostrarse en el mundo con políticas claras, ya sea que negocie con EEUU, China, India, Rusia o Europa, y quienes la representen sean Castro y Piñera, acompañados en 2012 por Venezuela y en 2013 por Costa Rica y el Caribe.

El mundo comienza a despedirse de la peor centuria de su historia, y como lo ha hecho desde los pronunciamientos del movimiento independentista, y con innumerables matices, nuestra América propone un nuevo comienzo de la historia, más humanista y más justo. Allí hay un papel importante para el comercio siempre que sea equitativo y que esté al servicio de los hombres y  mujeres en cualquier rincón del globo donde estén. 


Humberto Podetti.


FSM.

                       




3 comentarios:

  1. Estimado Humberto:

    (Ante todo, disculpas por la demora en responderte. El feriado de Carnaval no es, en nuestra región, el momento más propicio para la tarea intelectual).

    Mi intención, al comentar tu nota, no es polemizar con tu posición. Puede hacerse, por supuesto. Todas las cosas humanas son complejas, y tienen aspectos diversos y contradicciones, y eso es especialmente cierto de un proceso de dimensiones gigantescas como lo es la unidad de nuestra América.

    Pero esa polémica posible - sobre la actitud de los países suramericanos hacia el "libre" comercio y la unidad - puede ser útil e informativa en lo particular - explorando las distintas políticas que nuestros países se dan, de acuerdo a sus circunstancias. Te recuerdo, por ejemplo, que hace menos de dos meses anunciamos en este blog que el Congreso de Perú aprobó por unanimidad el Tratado de Libre Comercio entre Perú, Colombia y la Unión Europea http://forosanmartin2012.blogspot.com.ar/2012/12/peru-congreso-aprueba-por-unanimidad.html.

    Pero, en lo general, sería otro ejemplo de la eterna discusión entre el que ve el vaso medio lleno y el que lo ve medio vacío. Estoy seguro que compartimos la creencia en que lo que vale la pena hacer es llenarlo.

    Prefiero destacar la validez e importancia de las decisiones que detallás en esta nota. No sólo porque reflejan la decisión política de nuestros gobiernos, y la muy sugestiva unidad de concepción que han alcanzado. También porque - como acertadamente indicás - esos convenios a que se han llegado tienen consecuencias jurídicas concretas, al servir como antecedente válido.

    Te agrego, como un detalle importante, que - a pesar de la ortodoxia "neolibaral" de que hace gala Alemania en algunas de sus políticas económicas - ha habido posiciones en el Bundestag que anticipaban puntos recogidos en la Declaración de Santiago. Como decís, nuestra América hace una propuesta más humanista y más justa que las desplegadas en el globo en el siglo pasado: tiene raíces en nuestra historia. Y ecos en los pueblos de otros continentes.

    Mis observaciones tienen como objetivo que tengamos claro las dificultades de la tarea emprendida. No estoy diciendo que Brasil y Argentina "tienen la precisa", como diríamos en Buenos Aires. Al contrario, si bien Brasil, y en menor medida Argentina, han conseguido un desarrollo industrial significativo, mayor que el de los otros países de la América del Sur, están muy lejos del nivel de industrialización y de incorporación de tecnología propia que han legrado los países exitosos del Este de Asia. Y no estoy hablando de aquellos que basan sus "ventajas comparativas" simplemente en los bajos sueldos y en la desprotección del medio ambiente.

    En el campo de la producción automotriz, una de las áreas emblemáticas de la industria moderna, puede considerarse a las industrias de Argentina y Brasil como una sola, tal es su grado de integración. Y, sin embargo, ambos países están lejos de poder competir en igualdad de condiciones con la industria alemana, donde los sueldos son mucho más altos.

    Por eso - aunque el tema da para muchísimos más que un breve posteo, o este comentario - señalé la necesidad que ambos países encaren sus políticas de industrialización con más atención a sus socios menores del MERCOSUR - una asignatura pendiente desde hace bastantes años - y las pensemos en términos de la UNASUR. Porque el desarrollo industrial tecnológicamente avanzado será a escala del continente. O no será.

    Un abrazo

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  2. Humberto Podetti11 feb. 2013 20:34:00

    Estimado Abel:

    El debate permite profundizar acerca de las cuestiones.

    Efectivamente Perú celebró un Tratado de Libre Comercio con la UE. Pero la Declaración de Santiago, un documento posterior establecido por la CELAC -que representa plenamente a Perú- y la UE, ha establecido principios de caracter general que podrán ser invocados por Perú frente a cualquier aplicación de dicho Tratado perjudicial para sus intereses. A esos fines, la Declaración de Santiago incluyó en su apartado 22 una enumeración de todos los Tratados y Acuerdos celebrados por la UE con estados miembros de la CELAC y entre ellos, está el TLC Perú-UE. Es decir que la Declaración de Santiago ha creado herramientas últiles para todos los países que puedan ser afectados en sus intereses por acuerdos celebrados previamente con la UE.

    En este sentido, no hay dudas que existen diferencias de enfoques y criterios respecto de numerosas cuestiones entre los treinta y tres integrantes de la CELAC. Esto no solo es natural, sino también saludable. Por ejemplo, había discrepancias respecto a como responder la exigencia de la UE de garantías para sus inversiones (muy presente por las nacionalizaciones de Argentina y Bolivia). Y no resultó dificil encontrar el punto de conciliación y decirle a la UE "es esto o nada". La propuesta de la CELAC, aceptada por la UE e incluida en la Declaracióin de Santiago destacó “la importancia de un marco normativo estable y transparente que proporcione seguridad a los inversionistas“, pero simultáneamente reconoció “el derecho soberano de los Estados a regular”. Es decir fiesta para todos, porque ninguno estaba en desacuerdo en atraer inversiones y ninguno estaba en desacuerdo con asegurar la libertad de los Estados de regular e intervenir cuando fuese necesario.

    En este marco, la CELAC y particularmente UNASUR están proponiendo la reforma de los organismos internacionales (ONU, OMC, FMI, BM, etc.) no para concedernos más votos o mayor participación en dichos organismos como pretenden la UE, EEUU y Japón sino para cambiar sus fines. Y en materia de comercio, la reforma es que la OMC no se dedique a garantizar el "libre" comercio sino que el comercio sea equitativo. Naturalmente es una cuestión de poder y de capacidad de decisión. Pero la CELAC está unidad en el reclamo.

    En cuanto al Bundestag, por cierto es uno de los escenarios del debate europeo, del mismo modo que lo es el Parlamente Europeo. Hace poco recordé en este blog la respuesta de Martín Schulz, lider de la social deomocracia alemana fuertemente opositora a la Merkel y Presidente del Parlamento Europeo, a la pregunta de un periodista acerca del futuro de Europa con las políticas neoliberales: le recomendó que leyera "El último verano de Europa" de David Fromkin, historiador de Harvard que describe en ese libro el último vernao europeo previa a la guerra de 1914.

    Por fin, el procfeso de industrialización de América Latina y el Caribe es efectivamente una batalla central en la que debemos garantizar la participación igualitaria de toidos nuestros países. Ese es, precisamente el sentido y la final del Banco del Sur, pese a las reticencias de la Federación Industrial de San Pablo respecto del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil.

    Un abrazo

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  3. Entre el "¿porqué no te callas?" de don Juan Carlos de Borbón y esta Europa mendicante de hoy que ruega "comprame algo... lo que sea" han pasado, en términos históricos, una insignificante cantidad de años. Nada.
    La patética parodia de Felipe II retando a un súbdito revoltoso actuada por ese esperéntico monarca que es "don" Juan Carlos es un reflejo de los tiempos... estos en los que la -no menos patética que el Borbón español- Canciller del IV Reich se avino a trasladarse a estos remotos confines del mundo a rogar... "comprame algo... lo que sea".
    La Vieja Europa, el IV Reich, habla de ajustes hasta el 2020. Yanquilandia sigue chapoteando en el barro.
    El futuro es nuestro.
    ¿Será?
    Depende de nosotros.

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