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28 de enero de 2013

José Martí.

José Martí


Hoy en el aniversario del nacimiento de José Martí les acercamos un texto escrito por él para la educación de los niños americanos sobre San Martín. Creemos que es una buena forma de recordarlo y vincularlo con un espacio como el nuestro, que mira a Suramerica como una unidad latinoamericana en formación.

Sobre San Martín

San Martín fue el libertador del Sur, el padre de la República Argentina, el padre de Chile. Sus padres eran españoles, y a él lo mandaron a España para que fuese militar del rey. Cuando Napoleón entró en España con su ejército, para quitarles a los españoles la libertad, los españoles todos pelearon contra Napoleón: pelearon los viejos, las mujeres, los niños; un niño valiente, un catalancito, hizo huir una noche a una compañía, disparándole tiros y más tiros desde un rincón del monte: al niño lo encontraron muerto, muerto de hambre y de frío; pero tenía en la cara como una luz, y sonreía, como si estuviese contento.
San Martín peleó muy bien en la batalla de Bailén, y lo hicieron teniente coronel. Hablaba poco; parecía de acero; miraba como un águila; nadie lo desobedecía; su caballo iba y venía por el campo de pelea, como el rayo por el aire. En cuanto supo que América peleaba para hacerse libre, vino a América: ¿qué le importaba perder su carrera, si iba a cumplir con su deber?; llegó a Buenos Aires; no dijo discursos; levantó un escuadrón de caballería; en San Lorenzo fue su primera batalla; sable en mano se fue San Martín detrás de los españoles, que venían muy seguros, tocando el tambor, y se quedaron sin tambor, sin cañones y sin bandera. En los otros pueblos de América los españoles iban venciendo; a Bolívar lo había echado Morrillo el cruel de Venezuela; Hidalgo estaba muerto; O’Higgins salió huyendo de Chile; pero donde estaba San Martín siguió siendo libre la América. Hay hombres así, que no pueden ver la esclavitud. San Martín no podía; y se fue a libertar a Chile y al Perú.
En dieciocho días cruzó con su ejército los Andes altísimos y fríos; iban los hombres como por el cielo, hambrientos, sedientos; abajo, muy abajo, los árboles parecían yerba, los torrentes rugían como leones. San Martín se encuentra al ejército español y lo deshace en la batalla de Maipú, lo derrota para siempre en la batalla de Chacabuco. Liberta a Chile. Se embarca con su tropa, y va a libertar al Perú. Pero en el Perú estaba Bolívar, y San Martín le cede la gloria. Se fue a Europa triste, y murió en brazos de su hija Mercedes. Escribió su testamento en una cuartilla de papel, como si fuera el parte de una batalla. Le habían regalado el estandarte que el conquistador Pizarro trajo hace cuatro siglos, y él le regaló el estandarte en el testamento al Perú.

Un escultor es admirable, porque saca una figura de la piedra bruta; pero esos hombres que hacen pueblos son como más que hombres. Quisieron algunas veces lo que no debían querer; pero ¿qué no le perdonará un hijo a su padre? El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantes fundadores. Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales.


FSM.

17 de diciembre de 2012

¿Bolívar regresa como el Cid?

Bolívar




Un 17 de diciembre de 1830 moría Simón Bolívar. No aprobamos la costumbre de recordar a nuestros grandes hombres especialmente en la fecha de su muerte. Pero creemos que corresponde subir este homenaje de nuestro amigo Roberto Bardini, que lo publicó hace tiempo en la Agenda de Reflexión. Nos muestra que algo del Libertador sigue vivo.


El 20 de septiembre de 1830, Simón Bolívar le escribe desde Cartagena de Indias a Pedro Briceño Méndez, su ex ministro de Marina y Guerra: «Estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, hostigado, calumniado y mal pagado. No pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor; por desgracia es lo que no consigo».

Tres meses después, un día como hoy, 17 de diciembre, Bolívar moría en Santa Marta. Tenía sólo 47 años y se llevó a la tumba el sentimiento de haber fracasado en su intento de crear los Estados Unidos de América Latina: «He sembrado en el viento y arado en el mar».
Triste epitafio para un civil que organizó un ejército rebelde multinacional -integrado por colombianos, argentinos, chilenos, peruanos y voluntarios europeos- y derrotó al imperio español en América del Sur. Terrible final para un político que fue presidente de seis países: la Gran Colombia, que incluía a Colombia, Venezuela, Ecuador y lo que hoy es Panamá (1819-30); Perú (1824-26) y Bolivia (1825-26).

El Libertador recorrió 123 mil kilómetros –muchos más que los que transitó Cristóbal Colón- y llevó la independencia a la distancia de 65 mil kilómetros, lo que equivale a una vuelta y media al planeta. Para decirlo de otra forma: abarcó el triple que el macedonio Alejandro Magno y diez veces más que el cartaginés Aníbal.

Pero los triunfos militares de Bolívar no fueron acompañados por éxitos políticos. Su fracaso más grande fue el Congreso Anfictiónico de Panamá, en junio de 1826, donde intentó la creación de una sola Hispanoamérica.

En la Grecia clásica, la «anfictionía» significaba un conjunto de ciudades o repúblicas hermanas, unidas por un idioma y una cultura comunes alrededor de un santuario u otro lugar notable. Existió, entre otras, la anfictionía de Delfos, dirigida por un consejo de 24 miembros, que representaba a las doce tribus de la región de las Termópilas. «¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuera para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!… Ojalá que un día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso», se entusiasmaba el Libertador.

A la reunión sólo asistieron Colombia, Venezuela, Ecuador, Guatemala, México y Perú. Chile, los países centroamericanos y lo que hoy es Argentina, no participaron a causa de sus conflictos internos. Bolivia no llegó a tiempo. Decepcionado, Bolívar se comparó con «aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban».

El proyecto de una sola Patria Grande chocó con las posiciones particularistas de los antiguos virreinatos y capitanías generales del imperio español, cuyas oligarquías locales prefirieron buscar la independencia por separado.

Transcurrieron 178 años para la firma de la Declaración de Cuzco y la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela). El proyecto representa al tercer mayor bloque económico del mundo, sólo superado por la Unión Europea y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La comunidad incluye a más de 360 millones de personas que habitan en un espacio que supera los 17 millones y medio de kilómetros cuadrados, con fuertes reservas de gas y petróleo para más de un siglo. Entre sus objetivos a largo plazo se cuentan una moneda única, un solo pasaporte, un tribunal de justicia común, un Parlamento, una unión aduanera, un mercado común y posiciones conjuntas en foros mundiales.

Quizá algún día se podrá decir que Bolívar –el hombre que creyó que había sembrado en el viento y arado en el mar- ganó la batalla después de muerto, como el Cid Campeador.

FSM.

10 de diciembre de 2012

OSCAR NIEMEYER, MAESTRO LATINOAMERICANO DE LA ARQUITECTURA UNIVERSAL



A los 104 años nos dejó un creador emblemático de la arquitectura latinoamericana, heredero insigne del barroco americano, que asoció funcionalidad, belleza, naturaleza y humanismo de modo indisoluble

 Humberto Podetti (FSM)

Oscar Niemeyer

La arquitectura latinoamericana tuvo desde sus orígenes características originales y apasionadas. Por nacer en la emergencia de una cultura nueva, fruto del mestizaje de muchas culturas, y sostenida por intensos debates acerca del sentido de la vida humana, de la armonía entre el hombre y su naturaleza, de la ética y la justicia, nació como arquitectura comprometida.

El barroco americano, esencialmente mestizo, fue uno de sus frutos característicos, que reunió destino y funcionalidad de la obra, mimetización con los espacios y la naturaleza y exaltación de la belleza, reivindicada como conexión del alma con lo superior, como escala de ascenso y descenso a Dios o al supramundo. 

En su largo camino hacia el presente, la arquitectura latinoamericana dejó hitos definitivamente perdurables como la creación de la arquitectura hospitalaria por Ramón Carrillo, que reunió estilos criollos -con antiguos rasgos quechuas y castellanos-, funcionalidad y técnica de última generación para convertir los hospitales en hogares de salud para todos.

Oscar Niemeyer, discípulo y maestro simultáneamente, como Carrillo, de Le Corbusier, vivió algo más de un siglo y llenó simultáneamente un siglo con sus obras. La Casa Amaro (que fue su chofer) en la favela Vidigal, la Catedral de Brasilia o el Proyecto de la Catedral Cristo Rey de Belo Horizonte, los Palacios de Planalto, de la Alvorada y de Itamaraty (Brasilia), el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi (Río de Janerio), la sede Naciones Unidas (Nueva York) o la Universidad Houari Bumediene (Argel) son maravillosas obras que reúnen la sensibilidad hacia la naturaleza, el compromiso político y estético y un asombroso y elocuente manejo de las curvas y los espacios, inspirado en las formas del hombre y sobre todo de la mujer. Y también en todas las formas de la naturaleza. En sus obras ha quedado para siempre una parte substancial del universo creativo del pasado y del futuro de la arquitectura latinoamericana y universal.

Comunista heterodoxo, fue capaz de diseñar y construir Catedrales e Iglesias comparables a las Catedrales góticas o a la Sagrada Familia de Gaudí, que inspiran una profunda espiritualidad, siempre guiado por su compromiso con los pobres, los desheredados, los condenados de la tierra, como él expresaba cuando hablaba de su arquitectura.

Amigo de Lula, de Fidel Castro, de Hugo Chávez, creador infatigable, revolucionario insobornable, brasileño y latinoamericano hasta la médula, Oscar Niemeyer continuará en los siglos venideros revelándonos secretos de nuestra identidad cultural, de nuestra irreductible voluntad de justicia social, solidaridad y compromiso humanista, es decir, del sentido más profundo de ser latinoamericanos.  
Interior catedral Brasilia
Catedral de Brasilia
Plaza de los Tres Poderes

Le Volcan
Auditorio Niemeyer-Ravello
Museo de Arte Contemporáneo de Río de Janeiro.

Parque de la ciudad Don Nivaldo Monte-Natal
 FSM.