20 de marzo de 2014

EN NOVIEMBRE DE 2013 INAUGURAMOS LA CÁTEDRA LIBRE INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA EN LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LOMAS DE ZAMORA


En un acto presidido por el Rector de la Universidad y el Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, ante autoridades universitarias, académicos, profesores, estudiantes, embajadores y diplomáticos de las patrias hermanas de América, dirigentes políticos y sociales y militantes de la unidad de la Patria Grande, hablaron el Decano de la Facultad de Ciencias Sociales Santiago Aragón, el Presidente del Consejo Interuniversitario Nacional y Rector de la Universidad Nacional de Cuyo Arturo Somoza, el Embajador de Brasil en  Argentina Everton Viera Vargas y el Director de la Cátedra Humberto Podetti. 

PALABRAS PRONUNCIADAS EN EL ACTO INAUGURAL POR EL SR. EMBAJADOR DE BRASIL EN LA ARGENTINA, Dr. EVERTON VIERA VARGAS

Señor Ingeniero Arturo Somoza, Presidente del Consejo Interuniversitario Nacional y Rector de la Universidad Nacional de Cuyo,
Doctor Diego A. Molea, Rector de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora,
Licenciado Santiago Aragón, Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora,
Dr. Humberto Podetti, Director de la Cátedra de Integración Latinoamericana en esta prestigiosa Universidad,
Señor Embajador Milenko Skoknic, Embajador de Chile en Argentina,
Señor Rafael Follonier, Coordinador General, Presidencia de la Nación,
Señor Victorio Taccetti, ex Vice-Canciller y mi colega en Berlin,
Autoridades Municipales,
            Estimados Docentes y alumnos de distintas Universidades,
Señoras y Señores,

Es con satisfacción que he aceptado la invitación para inaugurar formalmente la Cátedra Libre de Integración Latinoamericana y Caribeña de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. El establecimiento de una cátedra destinada a debatir los temas de la integración regional refleja el creciente interés de la academia y de la sociedad – y ya no sólo de los gobiernos – en un tema que me parece fundamental para el desarrollo futuro de nuestros países. Los congratulo por la iniciativa.

Vivimos hoy en un escenario internacional complejo, donde los cambios ocurren rápidamente y no siempre de manera muy clara.

Tenemos el desafío de convivir con la velocidad de la información y de la tecnología, el cambio climático, la relatividad del espacio-tiempo (sobre todo por la universalización de la internet), los cambios en las costumbres y los valores sociales e individuales. Este desafío se traduce, en concreto, en la comprensión que tengamos del mundo y en las respuestas necesarias a los problemas a los que nos enfrentamos.   Precisamos desarrollar conceptos a partir de nuestra realidad en vez de reaccionar a construcciones teóricas y prácticas generadas en ambientes que desconsideran nuestras condiciones objetivas.

Después del final de la Guerra Fría, vivimos un breve período marcado por la supremacía política y económica de un único país. La invasión de Irak, en 2003, fue la expresión máxima de ese orden unipolar.

Sin embargo, no se verificó la expansión global de valores democráticos y liberales defendidos por el llamado mundo occidental. Tampoco se logró un ambiente internacional estable y libre de armas de destrucción en masa.

En el ámbito económico, el "Consenso de Washington" predicó la liberalización comercial y financiera de las economías. Las consecuencias nefastas de esas políticas para el refuerzo de la industrialización, para el desarrollo tecnológico y para las poblaciones más carenciadas de nuestra región abrieron camino al avance de modelos distintos que mostraron, como en el caso del Brasil, que es posible conjugar crecimiento económico e inclusión social.

Con la disminución del poder relativo – militar y económico - de los Estados Unidos, surgieron centros alternativos de poder, aunque todavía en proceso de maduración: Brasil, Rusia, India, y China – los llamados BRICS – además de México, Sudáfrica, Turquía e Indonesia, entre otros.

No obstante los cambios de las últimas décadas, enfrentamos indefiniciones  e  incertidumbre  en   cuanto a los  contornos   del orden internacional. En  qué  medida los nuevos centros de poder tienen real capacidad para alterar o formular nuevas disciplinas internacionales que se alineen con las aspiraciones de sus sociedades?

Vivimos, según algunos, en una macro-estructura multipolar; otros ven una situación de apolaridad, en la cual los actores que surgen aún carecen de capacidad de establecer esferas de influencia. Si el poder es un dato  inamovible de  la política, el derecho y las instituciones internas e internacionales son herramientas esenciales para la adecuada convivencia de los Estados en un régimen que formalmente desconoce jerarquías.

Así, en un orden internacional multipolar, los procesos de integración confieren a los países mayor capacidad de actuación y mejor inserción global, ante los distintos polos de poder.

Me gustaría hablar ahora de nuestro continente. América del Sur representa el 12% de la superficie del globo y tiene un 25% de las tierras agrícolas, el 25% del agua dulce y el 40% de la biodiversidad del planeta. Esos datos, por sí solos, nos dan una idea del potencial de la región. Su adecuada utilización puede convertirlos    en recursos de poder que la posicionen en el orden internacional de un modo distinto a lo que fue hasta hoy.

Los países sudamericanos compartimos valores comunes: desde la defensa de la paz y de la democracia hasta la promoción de los derechos humanos y de la calidad de vida de todos los ciudadanos. El último aspecto se ha convertido, afortunadamente, en una auténtica política de Estado en la mayoría de los países de la región.

Lo que necesitamos es reconocer nuestras fortalezas y estar conscientes de nuestras vulnerabilidades. Con la globalización, los Estados y las sociedades están necesariamente ligados al mundo y son influidos por él. Para enfrentar los efectos de esa nueva y más impactante inserción en el mundo, es imperativo trabajar juntos para organizarnos como una entidad política robusta e institucionalizada. Una América del Sur capaz de irradiar paz, justicia y el respeto al derecho en el orden mundial. Una América del Sur capaz de generar innovación que la haga más competitiva en los mercados globales y fuerte en la defensa de nuestros intereses comunes.

Para el Brasil, además, la integración es un dispositivo constitucional. El Artículo 4 de la Constitución de 1988 determina que el Brasil debe buscar la integración económica, política y cultural de los pueblos de América Latina, con vistas a la formación de una comunidad latinoamericana de naciones.

Argentina y Brasil, por ser los dos países más grandes de la región, tienen la responsabilidad de impulsar el proceso de integración.

Es importante recordar que, hasta que Brasil y Argentina se pusieron de acuerdo sobre cómo impulsar los temas estratégicos comunes, en los años 80, muy poco pasó en lo que respecta la integración. Los doce acuerdos bilaterales firmados en 1986 fueron esenciales no sólo para el fortalecimiento de la relación bilateral, pero también fueron la base misma para la creación del Mercosur, en 1991.

Me gustaría hacer una mención especial al liderazgo de los Presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney en ese importante e histórico paso para la unión de los dos países y del continente. La percepción estratégica de ambos permitió archivar sospechas recíprocas y movilizar esperanzas comunes capaces de abrir un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales y construir el camino de la integración.

A partir de entonces, hemos sido capaces de crear mecanismos para fomentar la confianza bilateral. El mejor ejemplo tal vez sea la cooperación nuclear, que tuvo efectos globales pero ganó un valor inmediato en los planes bilateral y regional. Ambos países mantuvieron su capacidad de utilizar de manera autónoma la energía nuclear para fines pacíficos, al mismo tiempo en que asumieron compromisos cabales y abarcadores en contra de la proliferación de las armas nucleares. Fue gracias a esa comprensión sobre la sinergia entre negociación diplomática y desarrollo tecnológico como fundamentos para construir el futuro que se ideó y creó la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares – la ABACC,  mecanismo innovador y creo que hasta hoy único en el mundo de control mutuo entre dos países.

Hemos logrado un ambiente de confianza recíproca, pieza fundamental para la integración. Eso se combina, en el caso del Brasil, con el rechazo de una actitud aislacionista. El Brasil ha sido siempre un país que buscó consolidar su inserción en las transformaciones experimentadas por el sistema internacional por medio de una acción participativa. La integración, que hoy es parte esencial de nuestra política externa, es resultado de la comprensión de que las asimetrías y vulnerabilidades que aún caracterizan a las naciones sudamericanas deben ser superadas mediante un esfuerzo conjunto.

El proceso de integración más profundo de la región sigue siendo el Mercosur. Pese a las críticas que algunos le destinan, hay que reconocer los importantes avances logrados desde la firma del Tratado de Asunción, en 1991.

En términos comerciales, por ejemplo, el comercio entre Brasil y los países del Mercosur pasó de 4.500 millones, en 1991, a más de USD 40 mil millones, en 2012, lo que representa un aumento de cerca de diez veces.

Argentina es el principal destino de las exportaciones industriales de Brasil. Brasil es el más grande consumidor de productos industriales de Argentina. Alrededor de la mitad de la producción de autos de Argentina, por ejemplo, se destina al mercado brasileño.

Tenemos también una cláusula democrática, establecida por el Protocolo de Ushuaia, que determina que la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes.

Otro de los principios esenciales del Mercosur es el de reducir las asimetrías entre los países miembros del bloque. La premisa es que el progreso de cada una de nuestras economías es el progreso de todas.

Para eso, se creó, en 2006,  el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur, el FOCEM, que se destina a financiar proyectos de desarrollo que privilegien la integración regional. En una década de operación, en el año 2016, el FOCEM habrá contribuido con US$ 1 mil millones para proyectos esenciales para el desarrollo de la integración regional. Brasil es el responsable por el 70 % de las contribuciones.

Sólo para dar un ejemplo, la semana pasada los Presidentes Dilma Rousseff y Horacio Cartes, de Paraguay, inauguraron la línea de transmisión eléctrica entre Itaipú y Villa Hayes, en los alrededores de Asunción; 85% de los costos fueron financiados por el FOCEM. Hay proyectos en Uruguay, como la rehabilitación de la línea ferroviaria de Rivera; en Argentina, de ampliación de escuelas en Santa Fe y también en el Brasil, de saneamiento básico en São Borja y Ponta Porã.

La entrada de Venezuela al Mercosur ofrece una nueva dimensión política y económica al bloque. El Mercosur se extiende ahora desde la Tierra del Fuego hasta el Caribe. También nos transformamos en una potencia energética de primera magnitud, con aproximadamente 20% de las reservas mundiales de petróleo. El ingreso pleno de Bolivia y Ecuador también está en negociación, así como el de Surinam.

Por todo eso, creo que no sería exagerado decir que el Mercosur es el más importante proyecto de política externa brasileño desde el final del exitoso proceso de delimitación de todas nuestras fronteras, hace más de un siglo.

En 2008, en la III Cumbre de Jefes de Estado de América del Sur, en Brasilia, los presidentes sudamericanos decidieron dar un nuevo paso en la integración continental. El Tratado de la UNASUR de 2008 es histórico. Por primera vez, los países sudamericanos celebraron un acuerdo internacional con el objetivo de incrementar e institucionalizar su cooperación política, económica y social, así como profundizar el proceso de integración entre ellos.

La creación de UNASUR es una oportunidad singular de formar un espacio de convergencia regional en áreas tales como la infraestructura, la armonización de políticas públicas y económicas, la defensa y la seguridad, la educación, el movimiento de las personas y el turismo, entre otros.

La consolidación de América del Sur como bloque político y económico coherente permitirá a nuestro continente negociar en pie de igualdad con otras naciones y bloques de poder.

Más importante aún, Unasur se convierte en la base institucional para forjar una fuerte identidad regional, basada en principios compartidos como la solución pacífica de conflictos, la sostenibilidad del desarrollo, la democracia, la justicia social y la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos.

El mejoramiento de la infraestructura es, para eso, esencial. En ese particular, la cooperación Brasil-Argentina, por lo que contribuye en términos de producción y circulación de bienes y servicios, es un elemento dinámico para la mejora de la infraestructura sudamericana.

Las empresas brasileñas tienen un papel relevante al traer experiencia, tecnología y capacidad de gestión en la construcción de grandes obras de infraestructura. Su actuación tiene el respaldo decidido del Gobierno brasileño por medio de financiamientos del Banco Brasileño de Desarrollo, el BNDES, que garantizan la sustentación de proyectos que requieren grandes inversiones y largo plazo de amortiguación. Es importante mencionar acá que, desde 2003, el BNDES, está autorizado a financiar proyectos en los países de la región. Uno de ellos, acá mismo en Argentina, es el tan importante soterramiento del Sarmiento.

Uno de los elementos centrales de UNASUR es el Consejo de Defensa Sudamericano. Sólo el tema del espionaje, una cuestión que afecta la soberanía misma de nuestras naciones, ya justificaría la creación de una "comunidad de seguridad" en la región. 

Pero también es relevante el establecimiento de una visión conjunta para la defensa de nuestros recursos naturales: petróleo, agua, florestas, minerales y la disponibilidad de tierras de cultivo. La protección de estos verdaderos "activos estratégicos" es un tema de seguridad nacional, particularmente desde la perspectiva futura de escasez de recursos alimenticios y energéticos a nivel mundial.

La idea base del Consejo Sudamericano de Defensa es que los problemas y las diferencias que puedan existir entre nosotros sean tratados sobre la base de la diplomacia y el diálogo.

El objetivo del CDS no es funcionar como una alianza de defensa, es decir, "una especie de OTAN del Hemisferio Sur”. La meta principal del CDS es el fortalecimiento de la cooperación militar entre los países de América del Sur y la creación de una política de defensa basada en una doctrina común de "cooperación disuasoria", como bien comentó  el Ministro de Defensa del Brasil, Celso Amorim, durante su reciente visita a Buenos Aires.

Otro tema central en la construcción de un espacio de integración es el de la democracia, principalmente para países como los nuestros, que han pasado por un proceso de transición política en las últimas décadas.

Hoy vivimos democracias plenas. Brasil celebró, el último día 5 de octubre, los 25 años de nuestra Constitución. El próximo 10 de diciembre, se celebrarán los 30 años del retorno de la democracia en Argentina. Jamás en su historia América del Sur ha vivido un periodo tan largo de continuidad democrática.

Este es un logro no menor si observamos como en otras partes del mundo los procesos democráticos no siempre son la regla. La democracia y el Estado de Derecho no sólo constituyen la columna vertebral de la sostenibilidad política de nuestros pueblos. Son también esenciales para llevar adelante el proceso de integración regional.

En reconocimiento de eso, los países de UNASUR firmaron, en 2010, el Protocolo Adicional sobre el Compromiso con la Democracia. Ese documento establece que los Estados miembros de UNASUR rechazarán cualquier amenaza para el orden institucional y los valores y principios democráticos.

Es igualmente importante el refuerzo de la democracia interna, por medio de la participación ciudadana no únicamente en las elecciones – aunque estas sean, por supuesto, esenciales – como también de manera permanente, acompañando de cerca los trabajos de un Congreso que debe ser fuerte, un Judiciario independiente y un Ejecutivo capaz de atender las demandas de la población.

Sólo por medio de instituciones sólidas seremos capaces de garantizar la continuidad de los ideales democráticos en nuestros países.

Otro elemento central del proceso de integración es el comercio. Mucho ya se ha estudiado sobre el rol de los intercambios comerciales como propulsores del desarrollo económico y social de los países. Particularmente relevante es la correlación positiva entre comercio y competitividad.

Como he mencionado, el Mercosur ha cumplido su misión de propulsar el comercio entre los países del bloque. A pesar de la existencia de barreras no-arancelarias que todavía afectan al comercio intrabloque, la liberalización comercial logró alcanzar el 99% del comercio entre los países de Mercosur.

En este momento, un tema prioritario para el bloque es el comienzo de las negociaciones comerciales con la Unión Europea. Se trata de un mercado de 507 millones de personas, con un comercio exterior de 2,2 billones de dólares. Consideramos que firmar un acuerdo comercial con un socio de esa dimensión puede tener un enorme potencial para el crecimiento económico y la competitividad del Mercosur. Se trata aquí de una vía de doble mano, pues un acuerdo beneficiará mucho a las empresas europeas ya instaladas en nuestros países.

Sabemos que las negociaciones son complejas, principalmente en la parte que más interesa a nuestros países, el acceso al mercado europeo de productos agrícolas. El sector privado de Brasil ha manifestado una voluntad inequívoca de seguir con las negociaciones con la UE. Después de un largo proceso de consultas internas, Brasil tiene una lista de oferta de bienes a ser presentada a los europeos. Estamos dialogando con los socios de Mercosur para cumplir con el objetivo asumido con la Unión Europea de intercambiar ofertas hasta el final de este año. El 15 de noviembre, los países del Mercosur se reunirán en Caracas para discutir la elaboración de lista común de ofertas a la Unión Europea.

La Unión Europea sigue negociando acuerdos de libre comercio con importantes mercados de América Latina y Asia. Asimismo se delinean procesos negociadores entre las principales economías globales: Estados Unidos-Unión Europea; Unión Europea-Japón y la Asociación Transpacífica, o TPP, que incluye a once países, sólo para mencionar algunos. Así que debemos tomar la iniciativa bajo pena de ver la pérdida de espacio comercial hacia otras regiones.

Uno de los procesos que más se discute hoy día, tal vez por la cercanía, es la Alianza del Pacífico, una iniciativa de liberalización comercial que agrega a México, Colombia, Perú y Chile. La Alianza del Pacífico tiene objetivos claramente económicos, y busca aprovechar las oportunidades oriundas de las cadenas de suministro de la dinámica zona del Pacífico.

La Alianza del Pacífico no debe ser vista como amenaza, ni tiene vocación para rivalizar con la UNASUR y el Mercosur. La UNASUR trabaja para promover la cooperación en áreas tan diversas como la seguridad y la defensa, la salud, la educación, la integración de la infraestructura, entre otros temas. El Mercosur es una unión aduanera con veinte años de integración no sólo de la economía sino también de la cultura, educación y otros aspectos da ciudadanía. La Alianza del Pacífico, por su vez, es la evolución del proceso de liberación comercial entre cuatro países, con miras a profundizar su integración en áreas como libre circulación de personas e integración energética.

Cabe notar que el Mercosur posee acuerdo de libre comercio con los cuatro países de la Alianza del Pacífico. Esos acuerdos significan la reducción de los aranceles a cero para 99% del comercio con Chile y con Perú y para 83,6% del comercio con Colombia. Con México, el Mercosur firmó un Acuerdo Cuadro en 2002 y avanzamos en las negociaciones para desgravación arancelaria.

Señoras y señores,
           
El proceso de integración ocurre en medio a la exacerbación de los intereses nacionales y frente a mayores demandas de las sociedades. El Brasil, por ejemplo, ha experimentado un significativo proceso de movilidad social en los últimos diez años, con el ingreso de cerca de 40 millones de personas a la clase media. Esos ciudadanos demandan mejores servicios públicos, mejor educación, más seguridad, más poder adquisitivo para sus salarios. El proceso de integración tiene que tener en cuenta las dinámicas sociales internas. Traducir eso a la realidad requiere una mayor voluntad política y visión estratégica por parte de los que toman las decisiones.

            Nuevos avances en la integración regional, por lo tanto, deben reflejarse en otras áreas. Necesitamos promover la integración de nuestra infraestructura no sólo para beneficiar la integración de las cadenas productivas regionales, sino para permitir que nuestros productos sean competitivos globalmente.

Necesitamos también fortalecer políticas de inversión mutua y de mecanismos de financiación, como el FOCEM o el Banco del Sur.

Debemos igualmente valorar iniciativas más antiguas de cooperación como el Tratado de la Cuenca del Plata, de 1969, y el Tratado de Cooperación Amazónica, de 1978. Ambos fueron proyectos pioneros de cooperación en torno a recursos como el agua y la biodiversidad, vistos hoy como estratégicos por la comunidad internacional. Instancias como esas circunscriben y facilitan la actuación de nuestros países en las negociaciones multilaterales que buscan crear disciplinas globales para el manejo de activos económicos y ambientales que están en la esfera   de soberanía de los Estados sudamericanos.

Y, finalmente, necesitamos reforzar e institucionalizar el diálogo político en los países de la región. El ex Presidente Lula, un gran defensor de la integración regional, siempre ha favorecido la convergencia de posiciones políticas de los países de la región en los foros internacionales. Juntos, nuestros países forman una “potencia” que, en última instancia, puede influir en la defensa de los intereses legítimos de los países en desarrollo.

La Presidenta Dilma Rousseff también tiene la integración regional como prioridad para la política externa brasileña. La Presidenta  ha dicho, de forma inequívoca, que el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC son instancias fundamentales para el camino del desarrollo y el fortalecimiento de las instituciones democráticas en nuestros países. En su visión, los vectores de la promoción de la ciudadanía social son esenciales en el diseño de la integración. Por eso apoya la creación de un estatuto de ciudadanía y de un plan estratégico de acción social en UNASUR.

Llegamos así a un elemento que considero  fundamental para avanzar: el compromiso de todos los ciudadanos con la integración. La integración debe pasar a ser parte de cómo pensamos el futuro de nuestras sociedades. Sólo así, con una visión de beneficios compartidos y de la importancia del desarrollo equilibrado de los países de la región seremos capaces de avanzar en ese proceso que creo esencial para defender nuestros intereses en medio a la transformación por la que pasa el orden internacional.  

27 de octubre de 2013

EL VI CONGRESO DE NUESTRA LENGUA

LA INMENSA VITALIDAD DEL CASTELLANO A PARTIR DE SU CAPACIDAD DE EXPRESAR UNIVERSALMENTE LAS CULTURAS AMERICANAS ORIGINARIAS, EL MESTIZAJE DEL PERIODO INDIANO Y SU EXPANSIÓN COMO EXPRESIÓN DE UNA NUEVA CULTURA EN EL NORTE DE AMÉRICA
En un discurso magnífico, interrumpido varias veces por aplausos estruendosos, Sergio Ramírez abrió en Panamá el VI Congreso de nuestra lengua.

Sergio Ramírez al pronunciar sus palabras en Panamá

El escritor nicaragüense, autor de Perdón y olvido, Margarita está linda la mar, Mil y una muertes, Sombras nada más y La fugitiva, hizo un alegato vibrante acerca del carácter de nuestra lengua, su expansión, su vitalidad y su capacidad para expresar un futuro diferente para el mundo. “Soy un escritor de una lengua vasta, cambiante y múltiple, sin fronteras ni compartimientos, que en lugar de recogerse sobre sí misma se expande cada día, haciéndose más rica en la medida en que camina territorios, emigra, muta, se viste y de desviste, se mezcla, gana lo que puede otros idiomas, se aposenta, se queda, reemprende viaje y sigue andando, lengua caminante, revoltosa y entrometida, sorpresiva, maleable…” dijo Ramírez. Ciertamente, el castellano es la lengua materna más hablada del mundo, y en términos totales, la segunda del mundo y la tercera en Internet. Expresa los sueños irreductibles de un pueblo mestizo como su lengua castellana y su hermana lengua portuguesa, que celebra toda su historia como promesa. Porque el Congreso de la Lengua también fue el marco para celebrar los 500 años del descubrimiento del Océano Pacífico –que los americanos navegábamos desde varios siglos antes- por Vasco Núñez de Balboa. 

Discurso pronunciado en la inauguración del VI Congreso Internacional de la Lengua Castellana en Panamá, 20 de octubre de 2013
Sergio Ramírez
Siempre me ha intrigado saber lo que es sentirse escritor de una lengua que tiene el país por cárcel, una lengua que no se habla más allá de las propias fronteras. Claro que el tamaño de una lengua no se mide por sus límites geográficos, ni creo que haya lenguas pequeñas. Todas tienen sus propios registros mágicos e inmensas posibilidades literarias, pero éstas de las que hablo son lenguas hacia adentro.

No sé lo que es vivir en uno de esos espacios verbales cerrados. Hay escritores que desde allí, desde esos compartimentos, se han  trasplantado a alguna de las grandes lenguas europeas, como el gran escritor Milán Kundera, que ahora escribe en francés, y no en checo. Pero para mí, una renuncia semejante significaría alejarme de la casa de la infancia por siempre clausurada, desde donde me llegan las voces que un día aprendí para siempre.
Son escritores que dejan de escribir en la lengua en que nacieron, y con la que nacieron, bajo un sentimiento de asfixia. El sentimiento de que su voz se escucha de cerca, pero no de lejos, de por medio o no la traición de las traducciones. Y no puedo verlo sino como una dolorosa mutilación, como la que se practicaba a los castrati en el siglo diecisiete, que ganaban así una nueva voz, pero perdían para siempre la propia. Mutilarse para sobrevivir. Pero peor que la castración es la deslenguación, la lengua extirpada, desde su arranque y raíz.
Quitarse la lengua uno mismo, o que se la quiten por la fuerza. Otro de los grandes escritores centroeuropeos, Sandor Marais, sintió que había muerto cuando sus libros, que entonces sólo podían leerse en húngaro, fueron prohibidos. Ya tenían sus novelas el país por cárcel, y ahora las enviaban al cementerio. Le habían extirpado la voz como castigo. No sólo nadie podría leerlo al otro lado de la guardarraya, ni siquiera en Polonia o en Austria, donde no estaba traducido, sino que tampoco podría ser leído en su propio país. Como que no existiera. Y así  el mundo se perdió por muchos años la espléndida belleza de sus palabras, mientras él decidía su suicidio en el exilio, ya sin lengua.
Nicaragua es un país más pequeño que la Hungría de Sandor Maris, o de lo que fue la antigua Checoslovaquia de Milán Kundera, y por eso me intriga, y me aterra, esa posibilidad de que nadie pudiera oírme más allá de mis fronteras, o la de quedarme alguna vez sin lengua. El limbo de las palabras, o su infierno.
Si en cada uno de los países de Hispanoamérica se hablara una lengua diferente, viviría yo también, a fuerza, ese síndrome de babel que obliga a despreciar la propia lengua para entregarse sin consuelo a otra de mayores posibilidades. Y al perder la lengua así, cortada desde donde empieza, en lo hondo de la faringe, perdemos también la garganta, la boca, el oído, el olfato, la visión.
Al perder la palabra, perdemos la memoria. Para ser trasplantado hay que ser arrancado de las propias raíces, porque la lengua no es solamente una forma de expresión que uno pueda cambiar en la boca a mejor conveniencia, sino que es la vida misma, la historia, el pasado, y aún más que eso, el existir en función de los demás, porque la lengua sola de un individuo hablando en el desierto no tendría sentido, menos para un escritor, que si existe es porque alguien más comparte sus palabras, y las vuelve suyas. Según evocaba Miguel Angel Asturias la tradición del pueblo quiché, el mismo pueblo que nos heredó la magia del Popol Vuh, aquel que habla en nombre de los demás es el Gran Lengua de su tribu.
Existimos, porque podemos hablar entre todos los que profesamos esa misma lengua, y con esa misma lengua, sin confundirnos como en el Pentecostés, cambiándola cada día, y agregándole capas de pintura creativa, en lo que hablamos en la calle, y en lo que escribimos en la literatura.
Soy un escritor de una lengua vasta, cambiante y múltiple, sin fronteras ni compartimientos, que en lugar de recogerse sobre sí misma se expande cada día, haciéndose más rica en la medida en que camina territorios, emigra, muta, se viste y de desviste, se mezcla, gana lo que puede otros idiomas, se aposenta, se queda, reemprende viaje y sigue andando, lengua caminante, revoltosa y entrometida, sorpresiva, maleable. Puedo volar toda una noche, de Managua a Buenos Aires, o de la ciudad de México a Los Ángeles,  y siempre me estarán oyendo en mi español centroamericano.
Español de islas y tierra firme, deltas, pampas, cordilleras, selvas, costas ardientes, páramos desolados, subiendo hacia los volcanes y bajando hacia la mar salada, ningún otro idioma es dueño de un territorio tan vasto. Me oirán en la Patagonia, y en Ciudad Juárez, un continente de por medio, y en el Caribe de las Antillas Mayores, y en el arco del Golfo de México, y del otro lado del dilatado Atlántico también me oirán, y oiré, en tierras de Castilla, y en las de Extremadura, y en las de León, en las de Aragón. Y en Guinea Ecuatorial, y en el desierto saharaui. Nos oiremos, hablaremos. Sabremos de qué estamos hablando, porque en la lengua, somos idénticos, estamos ungidos por la misma gracia.
Augusto Roa Bastos es un híbrido del español y el guaraní, de otra manera no existiría Hijo de Hombre. La sintaxis quechua entra en la escritura de José María Arguedas, de otra manera no existiría Los ríos profundos. Sin la lengua yoruba, congo o mandinga y su profundo palpitar de tambores, no existiría Songoro Cosongo de Nicolás Guillén, ni Tuntún de pasa y grifería de Luis Palés Matos, y sin el quiché tampoco Hombres de Maíz de Miguel Ángel Asturias.
Aguas revueltas de ríos distintos, una sola en su vasta y caótica diversidad que ya del lado de los emigrantes hispanos a Estados Unidos, se vuelve más vasta y sigue nutriéndose y transformándose.  Porque una lengua viva, que emigra, y no se queda enclaustrada en su propia casa, siempre lleva las de ganar.
Cuando en América hablamos acerca de la identidad compartida, nuestro punto de partida, y de referencia común, es la lengua. No somos una identidad étnica, no somos una multitud homogénea, no somos una raza, somos muchas razas. La diversidad es lo que hace la identidad. Tendremos identidad mientras la busquemos y queramos encontrarnos en el otro. Pero somos una lengua, que tampoco es homogénea. La lengua desde la que vengo, y hacia la que voy, y que mientras se halla en movimiento, me lleva consigo de uno a otro territorio, territorios reales o territorios verbales.
Estratos geológicos superpuestos, palabras escondidas abajo, y encima la agobiante modernidad que trastoca los vocablos que buscan el cauce de las necesidades tecnológicas, porque quien no inventa tecnología tampoco inventa los términos de la tecnología, y entonces la lengua abre sus valvas para recibir esas palabras ajenas, y volverlas propias, el inglés como antes el árabe.
No puedo sentirme solo. No tengo mi lengua por cárcel, sino el reino sin límites de una incesante aventura, de Cervantes a García Márquez, de Góngora a Rubén Darío, de Alonso de Ercilla a Pablo Neruda, de Bernal Diaz del Castillo a Juan Rulfo, de Lope de Vega a Julio Cortázar, de Sor Juana a Javier Villaurrutia, de Miguel Hernández a Ernesto Cardenal, del Inca Garcilaso a César Vallejo, de Pérez Galdós a Carlos Fuentes, de Rómulo Gallegos a Vargas Llosa, de García Lorca a José Emilio Pacheco.
Es nuestra lengua mojada. La que entra oculta a los Estados Unidos en los furgones de carga, hacinada en los techos de los vagones del tren de la muerte en viaje de Chiapas a Sonora, la que pasa debajo de las alambradas, la que traspasa el muro inteligente, la que burla los detectores infrarrojos,  la que no se deja encandilar por los reflectores, la que huye de los perros de presa que saben oler pobreza y sudores, y de los cebados granjeros de Arizona convertidos en vigilantes armados de fusiles automáticos. Vigilante. Palabra ésa que, ironías de la lengua perseguida, le pertenece a ella misma.
Emigra desde tan lejos como Bolivia, el Perú y Ecuador, acampa en el río Suchiate esperando la noche para pasar a nado, siempre acosada a lo largo de su marcha temerosa hacia el otro río, el río Bravo, clandestina, y por tanto subversiva. Es la lengua de la pobreza, que cae bajo las balas de los Zetas en su camino, lengua triste y masacrada que sin embargo vuelve a despertar al nombrar cada vez al dolor y la miseria, pero también la esperanza.
Renace todos los días, se aclimata, camina. Cambia mientras camina. El español de la Tierra del Fuego y el de los salares del desierto de Atacama, el de las alturas de Machu Pichu y el de la tierras caliente de Michoacán, el español del valle del Cauca y los llanos de Apure, el español de la estrecha garganta pastoril iluminada por el fuego de los volcanes que es Centroamérica, el español campesino del Cibao dominicano y el insaciable español habanero, el español tapatío y el de los chilangos de la región más transparente del aire, y el del desierto de crudos espejismos de Sonora, el español de las dos Californias, el de las madreadas mexicanas en Los Ángeles, el de los murmullos de los inmigrantes ecuatorianos y bolivianos perseguidos en San Diego, el de los nicaragüenses que lloran de cabanga en San Francisco por su paisaje perdido, el de los tex-mex del Paso, el de los chicanos de Yuma. La raza.  El español de los hondureños dejados desde antaño en las costas de Luisiana por los barcos bananeros de la Flota Blanca, el de la Florida de Ponce de León donde se habla en son cubano, el de los salvadoreños, los tristes más tristes del mundo de Roque Dalton, en las barriadas de Washington, el vasto e intrincado español de los dominicanos,  y los puertorriqueños de Nueva York.
La lengua que se paraliza en la boca es una lengua muerta. Y el español es también en los Estados Unidos una lengua literaria, que es la otra manera de que una lengua viva sin riesgos de muerte. Una lengua de los escritores que han traspasado la frontera, o que han nacido en el territorio de Estados Unidos, y escriben en español. Unos hablan la lengua, otros la escriben, y estos son sus dos puntales vitales. Es un asunto verbal, no territorial. Una cultura híbrida, variada, y contradictoria, sorprendente y sorpresiva, que varía su sintaxis, que crea neologismos, que se aventura a inventar.
Quienes la hablan y quienes la escriben son protagonistas de esa invasión verbal que cada vez más tendrá consecuencias culturales. Consecuencias de dos vías, por supuesto, porque cuando las aguas de un idioma entran en las de otro, se produce siempre un fenómeno de mutuo enriquecimiento.
La lengua que gana nuevos códigos cerca del lenguaje digital, de los nuevos paradigmas de la comunicación, de los libros electrónicos, de las infinitas bibliotecas virtuales que estuvieron desde antes en la imaginación de Borges, y que gana modernidad mientras se adentra en el siglo veintiuno.
El Gran Lengua seguirá siendo el vocero de la tribu. El que tiene el don de la palabra y representa así a los que no tienen voz. El que alza la voz, es él mismo la lengua, la encarna, y se encarna en ella. Guarda y publica la memoria de las ocurrencias del pasado, inventa, imagina, interpreta, recrea, explica, y seduce con las palabras.
¿A qué otra cosa mejor puede aspirar un escritor, sino a ser lengua de una tribu tan variada y tan vasta?

20 de octubre de 2013

INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA


ACTO INAUGURAL DE LA CATEDRA LIBRE INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA

8 de noviembre de 2013 – 18 hs.

Universidad Nacional de Lomas de Zamora

Facultad de Ciencias Sociales

Avda. Juan XXIII y Camino de Cintura – Lomas de Zamora


A fines del siglo XV América irrumpió en el mundo y con su irrupción inició la historia universal y puso ante los hombres y mujeres por primera vez a la humanidad completa. Casi simultáneamente nació al pensamiento latinoamericano, cuando Francisco de Vitoria, horrorizado ante la muerte de Atahualpa por Pizarro, alzó su voz para condenar el magnicidio y negarle toda legitimidad a los poderes globales de entonces para usurpar la soberanía de los pueblos de América o juzgar, condenar y ejecutar a sus reyes.

En estos años revueltos de crisis global humanitaria, el resto del mundo necesita a América nuevamente. A semejanza de aquel momento, en que a la otra parte del mundo le faltaba América, al mundo le falta hoy una parte porque un tercio de la población global ha sido excluida de la comunidad universal y convertida en una inmensa periferia existencial, como nos dice Francisco.

Y América, nuevamente, tiene lo que el mundo necesita para estar completo: el humanismo popular que impregna su pensamiento. Para expresarlo cuenta con la lengua materna más hablada hoy en el mundo. Que expresa cabalmente, como decía José María Arguedas, “nuestro espíritu…porque el castellano está embebido en el alma quechua” y en la de todos los pueblos y culturas americanas. En 2030 también será la lengua más hablada en los EEUU, merced al explosivo creciente demográfico de los hispanos, lo que nos permitirá pensar en castellano de polo a polo.

Para donarse al mundo, la América castellano y luso parlante necesita concretar su unidad, lo que le permitirá saldar también sus debilidades y dolores. Ya no son posibles las políticas nacionales, porque las únicas políticas viables son continentales. El viejo sueño de San Martín, el partido americano, está en el horizonte.

En este marco la Cátedra Libre Integración Latinoamericana se propone pensar, aprender, enseñar y difundir América.

Transcribimos la presentación de la Cátedra:  

“2013 Año del Bicentenario de la Asamblea General Constituyente de 1813”
    

     Universidad Nacional de Lomas de Zamora
      Facultad de Ciencias Sociales
 

Presentación de la Cátedra Libre Integración Latinoamericana

El proceso de integración latinoamericana ha retomado desde el año 2000 el proyecto político, social y económico del movimiento independentista y de los movimientos populares del siglo XX. Como señala el Papa Francisco en el prólogo al libro de Guzmán Carriquiry El Bicentenario de la Independencia de los países latinoamericanos, “la independencia no fue un hecho puntual que se dio en un momento sino un camino con escollos y retrocesos, un camino que aún hoy hay que seguir andando en medio de variados conatos de nuevas formas de colonialismo”.

A partir de la Primera Cumbre de Presidentes de América del Sur celebrada cuando comenzaba el siglo, se formaron y desarrollaron la Unión de Naciones Sudamericanas, UNASUR, que reúne a todos los países de América del Sur y la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, CELAC, que incluye a todos los de América con excepción de Estados Unidos y Canadá. La sanción del Tratado Constitutivo de UNASUR en 2008 le dio estado constitucional al Consenso del Cusco, de profundo compromiso humanista, que propone un proyecto alternativo al Consenso de Washington y al Consenso de Beijing.

UNASUR tiene una Presidencia pro tempore anual, un Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno, un Consejo de Cancilleres, un Consejo de Delegados, una Secretaría General electiva bianual y doce Consejos Sectoriales, que cumplen las funciones de Ministerios de la organización regional. Ha fundado el Banco del Sur. En su horizonte está la formación del estado confederal continental industrial propuesto por Alberto Methol Ferré, siguiendo el proyecto de Perón de los Estados Unidos de América del Sur.

CELAC ha permitido expresar unívocamente la política de América Latina en el mundo, en  áreas tan significativas como la educación, la alimentación y el comercio internacional. Las Conferencias Regional y Mundial sobre Educación Superior (UNESCO, Cartagena de Indias 2008 y París 2009), sostuvieron el criterio latinoamericano del acceso universal a la educación pública y gratuita como derecho humano y social. La FAO, con Graziano da Silva como Director General impulsa una política eficiente para acabar con  el escándalo del hambre en un mundo opulento. La OMC, con Roberto Azevedo como Presidente, afirma el comercio justo e igualitario entre las naciones como el verdadero comercio libre.

Por fin, el creciente liderazgo espiritual de Francisco en los pueblos del mundo, alzados contra la exclusión, la pobreza, la desaparición del trabajo y el cierre de las fronteras por los países que han acumulado la riqueza del mundo, abre nuevas perspectivas de un mundo multipolar, más justo. Y fortalece y da pleno sentido a la reunificación de nuestra América.

Este proceso de reconstrucción del sentido de la vida personal y social requiere espacios académicos adecuados para contribuir a su desarrollo y enriquecimiento desde la perspectiva y la autonomía del pensamiento latinoamericano.

La Cátedra Libre de Integración Latinoamericana y Caribeña se propone ser uno de ellos, vinculándose con las cátedras e institutos de similares objetivos de las Universidades latinoamericanas, las Instituciones de UNASUR y CELAC, las embajadas de las naciones latinoamericanas, las organizaciones de ciudadanos latinoamericanos en Argentina y los centros de investigación y docencia y las publicaciones científicas dedicadas a los Estudios Latinoamericanos en todos los continentes.

Los objetivos de la Cátedra serán:

 

a) Desarrollar la docencia, investigación, extensión, discusión y difusión del proceso de reunificación de América desde la perspectiva del pensamiento latinoamericano.

b)  Formar para el ejercicio de funciones en las instituciones de UNASUR y CELAC.

d) Contribuir al desarrollo de las instituciones y las políticas públicas continentales, y a la formulación de una doctrina de la integración.

e) Realizar publicaciones vinculadas con sus actividades.

f) Desarrollar la participación de las organizaciones de la comunidad en el proceso de integración y su vinculación con las organizaciones comunitarias latinoamericanas.

g) Promover que sea incluida la integración latinoamericana en la enseñanza de todos los niveles.

 

Los ejes temáticos permanentes de las actividades de la Cátedra serán:

 

1.   La historia, la cultura y el pensamiento de América Latina.

2.  Las integraciones continentales como herramientas de construcción de la comunidad mundial.

3.  Los movimientos políticos y sociales de latinoamericanos fuera de América Latina.

4.  La historia del proceso de unidad americana.

 

       Santiago Aragón           Humberto Podetti          José María Costa

          Decano                          Director                     Secretario